EZ ADIORIK, «CUARTILLO»

Siempre me gustó su apodo: «Cuartillo». Recuerdo haber preguntado en alguna ocasión de donde le venía el mote. De Mallorca, de su estancia en tierra balear, me dijo alguien. Algo así como que debió de pedir un cuartillo de vino en un bar y desde entonces se quedó con «Cuartillo». Seguro que «Gari» conoce al detalle la anécdota o sino «Kapela» que también estuvo en Mallorca. Lo cierto es que en nuestro colectivo no será el único caso que la anécdota crea el apodo. Me viene a la cabeza «Taxi» Alberdi al que en Canarias algunos compañeros le vieron llamando a un taxi»: ¡»Taxi!… «¡Taxi!… y desde aquel día Cruz Alberdi se quedó con: «Taxi».

Ha sido un golpe leer la noticia. Sabía que había tenido complicaciones de salud, pero de ahí a leer que «Arkarazo ha fallecido»… Todos los fallecimientos de gente conocida duelen. Sin embargo, algunos más que otros. Por que te has relacionado más tiempo, en el mismo cuadro, mismo vestuario, donde se conoce a las personas.

Lo conocí en el Tampa de mis amores. Un lugar que ha dejado huella a los que pasamos por aquella ciudad. Los pelotaris que jugamos en Tampa en la década de los setenta estamos unidos por un vínculo invisible, como si fuéramos miembros de una congregación que en su día juró votos de lealtad eterna. El grupo de gente, jóvenes la mayoría, dos intendentes: Beitia y Arregi, honestos. Un público fantástico en una ciudad con unas dimensiones ideales, sus playas. Fue un lugar en una década donde las piezas encajaban de tal manera que el resultado era el equilibrio como nota dominante. Se notaba. Se conserva la herencia. Sin ir más lejos, el pasado sábado nos juntamos en Lekeitio un buen grupo de «tampeños» en torno a una mesa, lo hacemos todos los años. Euxebio (quién sino) como maestro de ceremonias.

Faltaba Arkarazo, «Cuartillo no estuvo.

«Cuartillo» llegó de Miami a Tampa a finales de la década de los setenta. Lo hizo regalando sonrisas, introduciendo la alegría en el vestuario. Un tipo que se hacía querer cómo no lo vas a querer.

Vivía con su esposa en Bayshore en unos apartamentos donde también vivían Euxebio, «Flaco» Irigo con Itziar, Aitziber… Etxeba también compró un apartamento en aquel lugar. Cerca de allí, en el mismo Bayshore, íbamos a pescar a un «piere», un espigón de madera, nos hinchábamos a pescar truchas de mar. El mismo Kakatza junior se moriría de envidia viendo aquellas pescas. «Cuartillo» era uno de los asiduos. Nos lo pasábamos en grande. «Cuartillo», allí también, era el encargado de amenizar la velada.

He leído hoy algún titular en el que lo califican como «risueño». Efectivamente, la sonrisa era el DNI de Arkarazo. Así como otros, yo al menos, vivimos en un estado permanente de preocupación, tratar con «Cuarti» era un bálsamo. Más si hablamos de convivencia en un vestuario donde se desatan tensiones a menudo difíciles de manejar.

Rival duro. Gran zaguero. Siempre me llamó la atención no siendo un pelotari alto, para la zaga al menos, cómo se las arreglaba. De constitución fuerte, las piernas. Un revés de los que a mi me daban envidia. Capaz de llegar a chula sin tener que elevar la pelota. Arkarazo II jugó tanto a la pelota porque conseguía llegar a chula a menudo, el pan y la mantequilla de cualquier revesista. Cubría mucha cancha y metía mucha pelota. Fue uno de los más destacados en un tiempo donde había mucho de todo, por eso de la cantidad.

«Cuarti» era un conquistador, por eso la noticia de su fallecimiento ha supuesto un palo fuerte en el colectivo. Utilizaba su sonrisa y alegría como armas y se ganaba a todo el mundo. Era un barredor de tristezas en un momento que tanta necesidad hay de alegrías.

Ez adiorik, «Cuarti».

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