Jai-alai y Beisbol en La Habana

Hubo un tiempo en La Habana en el que dos deportes de distinta procedencia se hicieron la competencia. La pelota vasca (en este caso: cesta-punta) y el béisbol. En 1902, año en el que se inaugura el Jai alai,  ya existían en Cuba revistas dedicadas al béisbol. No tardaría mucho para que surgieran otras dedicadas al «béisbol vizcaíno»: «La cancha habanera» y «Beti-Jai». No fueron las unicas publicaciones dedicadas al jai-alai: «El Pelotari», «La Pelota en La Habana» y «Fiesta Alegre», también verían la luz en la isla del Caribe.

La existencia de estas publicaciones demuestra el auge que tuvo la cesta-punta en Cuba. La repercusión de este deporte en la isla y el destino soñado para muchos pelotaris. Echando la mirada atrás no cabe la menor duda de que Cuba ha supuesto para el jai-alai sobre todo, un mercado extraordianario durante 60 años que es el tiempo que duró la actividad profesional.

Curiosamente parece ser que en 1902 hubo preocupación entre los beisboleros porque parte de su concurrencia en lugar de asistir a los partidos de besibol se desviaba hacia «el garito de la calle Concordia».

Como es conocido el Gobernador de Cuba, 1899-1902, , el General Wood, era seguidor acérrimo además de practicante de jai-alai. Siendo el pelotari profesional Simón Urreisti uno de sus maestros. Ahora bien, uno de los pelotaris más populares del viejo caserón. Aquel al que los aficionados azuzaban al grito de «¡Aire Macala!». El mismo que creó marca adelantándose en años a ciertos productos popularizados. El que puso de moda los sombreros de paja «a lo Macala», las camisas, corbatas y zapatos «a lo Macala»… Tuvo que ser un tipo fuera de lo común, de hecho poseía, por lo que cuentan las crónicas, una simpatía arrolladora fuera de la cancha.

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Pues bien, el dicho Macala, se convirtió en todo un experto en qué deporte, y en el beisbol. Hasta tal punto que sus opiniones aparecieron  en una revista de beisbol llamada: «El Score», el 24 de octubre de 1902.

Al hilo del beisbol. Uno de los beisbolistas americanos más popular de todos los tiempos: George «Babe» Ruth, era un asiduo al «Palacio de los Gritos» cuando se acercaba por la isla. La prensa especulaba incluso que «Babe» Ruth podría cambiar el bate por la cesta. El que se hiciera gran amigo de Guillermo ensayaba alguna mañana que otra en el viejo caserón, 1921. Técnica como cabe suponer no podía tener pero la fuerza que le imprimía debía de ser descomunal.

Si Guillermo en lugar de nacer en Ondarroa llega a nacer en Brooklynn hubiera sido un extraordinario beisbolista. En el caso de «Babe» Ruth, lo mismo, si llega a nacer en Ondarroa y con la cesta en la mano, es fácil de imaginar a dónde habría llegado. Por muy tópico que sea, estos deportistas superdotados son buenos a lo que sea.

«Babe» Ruth, en uno de sus entrenamientos, tratando de devolver una pelota de revés, se le desgarró un tendón de la espalda y debió de quedar inmóvil en la cancha. Abandonó la isla lesionado y dejándose decenas de miles de dólares perdidos en el Jai Alai.

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